El buen tiempo y la filosofía
Por fin sé por qué hay tanta filosofía en Alemania y tan pocos filósofos españoles. Hace demasiado buen tiempo aquí. A quién le apetece quedarse en casa reflexionando cuando el sol de marzo se asoma por la ventana diciendo, pero qué haces aquí, chica, deja ya de comerte el coco y vete a la calla, que allí está la vida! Y yo, que no me gusta desilusionar a nadie, y de ninguna manera al sol, cojo una chaqueta ligera, mi cámara, el mapa ya deshecho de Barcelona y me voy. Cojo el autobús 17 y me bajo en la última parada, en la Barceloneta. He cruzado toda la ciudad, pasando por el mundo del trabajo y de las preocupaciones cotidianas, y en menos de un cuarto de hora he llegado al Mediterráneo, en plena urbe, qué alivio, qué suerte, qué ilusión! Ves, me dice el sol, ves que no te he hecho falsas promesas…
Schwipp-schwapp, murmuran las olas, a mí me hablan en alemán, a cada uno le hablan en su idioma, tan universal, tranquilizante y eterno. Hay mucho que mirar en la Barceloneta, y muchos que miran: Un partido improvisado de fútbol, los pescadores, los barcos de vela. Cuatro chicos que llevan camisetas con la bandera brasileña hacen ejercicios de karate y acrobacia. Los enamoraditos solo tienen una toalla minúscula para los dos para poder estar más juntitos en la arena, los turistas se han quitado ya casi toda la ropa, y los viejos con la piel curtida por el sol andan descalzos. Un chico muy delgado se tira al mar, declarando así abierta la temporada del baño.
Hay un „camino de filósofos“ en Heidelberg, ciudad alemana del Romanticismo y de la filosofía. Desde este camino se contempla una vista magnífica de la ciudad medieval, del río Neckar y de las ruinas del castillo. Llueve mucho en este valle. Me imagino a filósofos como Hegel, ya de vuelta a casa en un día gris de noviembre, después de un paseo por este camino. Son las cuatro de la tarde y ha oscurecido en la ciudad. Con una taza de café muy caliente, comienza a filosofar hasta muy entrada la noche.
Vuelvo a casa llena de sol y energía, con aroma a sal. Las olas se han llevado mis inquietudes y preocupaciones existenciales a alta mar. No cabe ya la filosofía.
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