Jardines de Edén
No es Barcelona una ciudad que destaque precisamente por sus grandes parques y espacios verdes. Pero tiene unas joyas maravillosas, a la vuelta de la esquina, siempre cuando uno menos se lo espera: los pasajes. Son pequeños jardines de Edén, islas de paz verde en plena urbe..
Los hay pomposos y orgullosos, vestigios de tiempos nobles, como los pasajes Permanyer y Méndez Vigo en el Eixample. Y los hay mucho más modestos y olvidados y no por eso menos bonitos, como el pasaje St. Felip o el pasaje Mulet en Sant Gervasi. Pero todos tienen algo en común: Al cruzar su umbral, el mundo cambia. Es Barcelona y no es Barcelona. Un mundo aparte, lleno de sombra y tranquilidad, verde y apacible. Detrás de palmeras, rosales y arbustos se adivinan fachadas pintadas de ocre, algo desconchadas. La hiedra es la okupa de las rejas y muros. ¿Quién sabe si no queda, en alguna de las torres, una Bella Durmiente olvidada por los príncipes, durmiendo el sueño eterno?
Los pájaros que están de baja porque en su batalla inútil de hacer callar a los coches y motos se han quedado afónicos también acuden a los pasajes para descansar y cantan con la cabeza muy erguida como si todos los días le dieran la bienvenida a la primavera.
¿Quién tendrá la suerte de vivir en los pasajes? En una casa particular, no en un piso; una casa con jardín, rodeada de otras casas parecidas, una pequeña comunidad de privilegiados que por la noche cierran el portal con llave para protegerse de los malos de fuera. Allí solamente vivirá gente agradable, todos se conocerán, se saludarán porque la intimidad lo exige. Allí los niños jugarán tranquilamente sin miedo a los coches, allí las plantas no se cubrirán con una capa gris como lo hacen en mi terraza en la época sin lluvia.
He visto en uno de los pasajes una casa con un cartel que pone „Se vende“. Desde fuera, se adivina un jardincito muy verde. Con los amigos, nos imaginamos comprar un día esta casa. Nos brillan los ojos cuando nos figuramos como será por dentro y como la arreglaríamos.
Nunca la compraremos. Pero siempre se puede soñar… soñar con vivir en un pequeño jardín de Edén dentro de la gran urbe.
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